“<<Salió un sembrador a sembrar su simiente. Pero, al sembrar, una parte cayo a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron. Otra cayó sobre piedras; pero, después de brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó en medio de los abrojos: pero crecieron los abrojos con ella y la sofocaron. Otra cayó en tierra buena, creció y dio fruto centuplicado.>> Dicho esto exclamo: <<El que tenga oídos que oiga.>>” (Lc 8, 5-8)

La semilla es la palabra del mensaje que Dios nos manda, cada vez que se nos presenta, en la familia, en un mensaje de alguien, etc. Y este mensaje va cayendo en distintos tipos de suelos, que son como nuestro corazón está preparado. La semilla que muere comida por aves, es la palabra que escuchamos y no nos llega, nada de nada. La semilla de las rocas, que crece y luego se seca, es la palabra que escuchamos y nos da alegría, esperanza o incluso respuestas. Pero que después de un tiempo, olvidamos. La semilla que cae en los abrojos, es la palabra que nos llega al corazón, pero dejamos escondida por miedos y preocupaciones. En cambio, la semilla que cae en tierra buena, es la palabra que nos llega y la actuamos, vivimos y conservamos en nosotros.

Todos estamos llamados a tener el corazón como tierra buena. La tierra buena se trabaja y se cuida. Y al igual que la tierra, si trabajamos y cuidamos nuestro interior, nuestra comunicación con dios, nuestro actuar con los demás, llegaremos a ser tierra buena, para nuestro propio bien.

¡CUÍDENSE Y AMENSE COMO DIOS LOS AMA! Servir se hace con amor y el amor hacia otros, comienza por el propio.

de la

LECTURA

SEMANA